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Para ponernos a pensar...
 
¡Mis derechos!‏


Cuántos menos derechos tengo, más espero.

No merezco nada,

por eso lo espero todo,

porque Tú, Señor, eres bueno.



Nuestra dicha y nuestra grandeza consisten en tenerlo todo de Él.

Yo le digo a menudo mi alegría de no tener ningún derecho sobre Él,

pues si lo tuviera no le debería tanto a su misericordia.

Me encanta pensar que no me debe nada.

Si yo tuviera algún derecho no podría ser tan audaz, no estaría tranquilo.

Padre Delage.