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Para ponernos a pensar...
 
 Mis amigos me tienen miedo....‏

Espectacular realismo en esta profecía hecha 800 años antes de Cristo, llamada por muchos el 5º Evangelio,

Nos mete en el alma sufriente de Cristo, durante toda su vida y en la hora real de su muerte.

"El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento.

Cuando entregue su vida como expiación, verá su descendencia,

prolongará sus años:

lo que el Señor quiere prosperará por sus manos".



El salmo lo reza Jesús en la cruz,

su "última palabra" antes de morir:

"En tus manos, Señor, encomiendo mi Espíritu".



Se entrecruzan la confianza, el dolor, la soledad y la súplica:

con el Varón de dolores, hagamos nuestra esta oración.

Es un enfermo que se queja primero y luego se abandona en Dios:

"Soy el hazmerreír de mis adversarios..." todos se burlaban de Él.

"Huyen de Mi... Mis amigos me tienen miedo...".

Los apóstoles todos huyeron en el momento del arresto en Getsemaní...

"Oigo las burlas de la gente; se ponen de acuerdo para quitarme la vida...".

Multitudes excitadas por sus jefes piden su muerte: "¡que lo crucifiquen! ¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!".

"Me han olvidado como a un muerto, como a un cacharro inútil..."

y el Santo se abandona: "Me confío en Ti, Señor...

Mis días están en tus manos...

Tu amor ha hecho para mí maravillas... ¡Tú colmas a aquellos que confían en Ti!"

"Sálvame por tu amor... Bendito sea Dios, su amor ha hecho en mi maravillas...".



En el texto hebreo, aparece la famosa palabra "Hessed", el amor.

La resurrección está próxima, Jesús lo sabe.

¿Cómo podría olvidarlo en este instante?

"Sed fuertes y valientes de corazón todos cuantos esperáis en el Señor..."

Jesús tenía conciencia de que no moriría para Él solo.



El hombre está al comienzo del salmo atrapado en sus propias redes.

En-sí-mismado.

Y este ensimismamiento es una cárcel, una prisión;

el salmista está preso de sí mismo; y en un calabozo no hay sino sombras y fantasmas.

Aparece el miedo.

En ese estado no viven, agonizan, como en una prisión.

Pero su alma, al abandonarse, está ya despreocupada; resuelta...

Hay que comenzar por aceptar con paz esta condición oscilante de la naturaleza, sin asustarse ni alarmarse.

La estabilidad, el poder total, la libertad completa vienen llegando después de mil combates y mil heridas,

después de muchas caídas y recaídas.

Salir de la encerrona del “yo” y pensar en los demás.

La libertad profunda,

esa libertad tejida de alegría y seguridad, viene de esa confianza en Dios,

el poder de «su misericordia.

Salmos para la vida, Claret.