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Para ponernos a pensar...
 

Más para adorarla que para comprenderla‏.

Si hay algo innombrable y grande, eso es el misterio de la Santísima Trinidad. Cuando la teología busca palabras para ilustrarnos la esencia divina: Dios Uno y Trino, experimenta la angustia de ser muda. Se diría que esta realidad nos ha sido revelada más para adorarla que para comprenderla. “Tibi laus, tibi gloria...”, ¡A Ti la alabanza, la gloria y el agradecimiento, oh Trinidad Beatísima! (Trisagio angélico). Gloria a Dios en el cielo...; Santo, Santo, Santo, cantan eternamente los ángeles y los bienaventurados sin cansarse ante la majestad de Dios, como sin cansarse se dicen cosas encendidas los que se aman.

Dios Uno y Trino es un misterio absoluto que se aleja infinitamente de las posibilidades del conocimiento humano. Dios es incomprensible, aunque no incognoscible (Conc. de Letrán). Sin embargo, ese Dios que trasciende infinitamente al hombre, es tremendamente cercano al hombre: “¿No sabéis que sois templos de Dios y que el espíritu de Dios habita en vosotros?” (1 Cor 3,16). Dios inaccesible y cercano al mismo tiempo. Dios que ha hecho del hombre su templo, un sagrario. “Desde ahora somos llamados a ser habitados por la Santísima Trinidad” (Catecismo n 260).

D. Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alva